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viernes, 4 de octubre de 2013

Lo que la colección esconde (XXVIII): La visión de Ezequiel

¿Os apetece adentrarnos en una de las estancias vaticanas de la mano de una de nuestras piezas más especiales?. Pues allá vamos...

MNAD CE26806

La historia de nuestro tapiz comienza en torno a 1516, cuando el Papa León X encarga como ajuar de una de las salas del Vaticano, la llamada "del Papagayo" o "de los Palafreneros" una tapicería compuesta por cuatro grandes piezas. Esta tapicería estaba destinada a cubrir la cama ceremonial o letto de paramento que se ubicaba en esta sala y que parece se usaba principalmente para extender sobre ella las vestiduras pontificales antes de las celebraciones, aunque también podía servir como cama de día en la que el Papa descansaría brevemente entre las ceremonias eclesiásticas. En concreto, nuestro tapiz haría la función de sopracielo, cubriendo el techo de la cama.

Reconstrucción del letto de paramento

En cuanto al tema representado, "la Visión de Ezequiel", hace referencia a las profecías de Ezequiel del Antiguo Testamento. Ezequiel aparece en una escala minúscula en el ángulo inferior izquierdo, junto a su caballo y otra figura. En el centro y como figura principal, Dios Padre flanqueado por dos ángeles sobre los símbolos de los cuatro evangelistas (ángel, león, buey y águila) y alrededor multitud de ángeles.
La escena se basa en un óleo de pequeño formato atribuido a Giulio Romano según un diseño de Rafael, fechado hacia 1518 que actualmente se encuentra en la Galería Palatina del Palacio Pitti de Florencia.

"La visión de Ezequiel", Giulio Romano según diseño de Rafael
Galería Palatina del Palacio Pitti, Florencia (inv. Pal nº 174)

Realizado sobre fondo de hilo metálico en técnica de tapicería e hilos de lana y seda polícromas, nuestro tapiz tiene unas dimensiones de más de cuatro metros de alto por tres y medio de ancho. Está enmarcado en una espléndida cenefa con motivos decorativos de trenzados sobre fondo azul.
Fue realizado en la manufactura de Pieter van Aelst (Bruselas), y se conserva el cartón del mismo, sin cenefa,  en la colección del duque de Buccleuch en Boughton House. Este cartón en principio fue atribuido a Gianfrancesco Penni y más recientemente a Tommaso Vincidor, asistente de Rafael que se encontraba en Bruselas coordinando los trabajos de tapicería encargados por el papa León X.

Cartón para tapiz "Dios Padre con los símbolos de los cuatro evangelistas", Tomasso Vincidor

Como véis, se trata de una verdadera obra maestra de la tapicería flamenca que el MNAD tiene la suerte de custodiar entre sus paredes.

[Podéis encontrar ésta y más información en el catálogo de la exposición "El Último Rafael" que se celebró en el Museo del Prado y en la que participó nuestro espléndido tapiz].





lunes, 1 de julio de 2013

Lo que la colección esconde (XXV): Tapiz

Hoy damos la bienvenida al mes de julio. Este mes se denominaba Quintilis en el calendario romano por ser el quinto mes del año (no existían enero ni febrero). Posteriormente, en honor a Julio César que nació en este mes el año 100 a.C., pasó a denominarse Julius y de ahí de donde derivó a julio.
Julio César murió en el año 44 a.C. y en su testamento adoptó a su sobrino-nieto, Cayo Octavio Turino que pasó a llamarse Cayo Julio César Octaviano. Y éste, el que sería el primer emperador de Roma, es el protagonista "invisible" de nuestra pieza de hoy. 

El tapiz que os presentamos representa una escena que corresponde a la batalla naval de Actium o Accio que tuvo lugar el 2 de septiembre del año 31 a.C. En ella se enfrentaron las flotas de Cayo Julio César Octaviano y las de Marco Antonio, dirigidas respectivamente por Agripa y por el propio Marco Antonio junto a su aliada y esposa Cleopatra VII de Egipto. 
Ésta fue una batalla decisiva, que supuso un hito en la cuarta y última Guerra Civil de la República Romana. La victoria en Accio de las tropas de Cayo Julio César Octaviano llevaron a Marco Antonio y a Cleopatra a retirarse a Alejandría donde fueron finalmente derrotados en el año 30 a.C. Ese mismo año, Marco Antonio, creyendo que Cleopatra había muerto, se suicidó y poco después ella hizo lo mismo. Mientras, Cayo Julio César Octaviano volvió a Roma para convertirse en el primer Emperador del Imperio bajo el nombre de César Augusto.

CE01407
[...] ; y cuando todavía la batalla era común y se mantenía indecisa, se vio de repente a las sesenta naves de Cleopatra desplegar las velas para navegar y huir por medio de los que combatían, porque estaban formadas a espaldas de las naves grandes, y al partir turbaron su formación. Mirábanlas los enemigos, asombrados al ver que con viento favorable se dirigían hacia el Peloponeso. Viose allí claramente que Antonio no se condujo ni como general ni como hombre que hiciera uso de su razón para dirigir los negocios, sino que así como hubo quien dijo por juego que el alma del amante vive en un cuerpo ajeno, fue el arrastrado por aquella mujer como si estuviera adherido y hecho una misma cosa con ella; pues no bien hubo visto su nave en huida, cuando olvidado de todo, abandonando y dejando en el riesgo a los que por él peleaban y morían, se trasladó a una galera de cinco órdenes, no llevan consigo más que a Alejandro, Siro y a Escelio, y se fue en seguimiento de aquella perdida, que al fin había de perderle [...] 

(RANZ ROMANILLOS, ANTONIO (trad): Las vidas paralelas de Plutarco, Tomo IV, París, 1847, p. 178)

En el tapiz, que data del siglo XVII, se ve a Marco Antonio de pie sobre una barca extendiendo los brazos hacia la izquierda, lugar en el que está Cleopatra, también de pie, con intención de socorrerla.  La nave de Cleopatra es más lujosa y en ella dos remeros, de espaldas y con los torsos desnudos, han emprendido la huida con rapidez.
Detrás de Cleopatra, sentada en la embarcación se encuentra una mujer muy joven, posiblemente Cleopatra Selene, hija de Marco Antonio y Cleopatra. La niña va enjoyada, con perlas en el cuello y adornando sus cabellos. Las lágrimas se deslizan por sus mejillas y en su cara se aprecia un gesto de miedo. En la parte izquierda del tapiz, derecha del espectador, aparecen otras barcas de menor tamaño, luchando unas contra otras en medio del mar embravecido.
El tapiz es de seda y tiene unas dimensiones de 245 x 305 centímetros. Una belleza más que habita entre las paredes de Montalbán, 12.

lunes, 3 de junio de 2013

Lo que la colección esconde (XXIII): El Juicio de Paris

Aunque se ha hecho de rogar...¡junio ya está aquí! Y en homenaje a Juno (o Hera en la mitología griega) queremos hoy mostraros una pieza que vive "escondida" en la capilla del número 12 de la calle Montalbán. Se trata de un tapiz de casi tres metros y medio de alto por más de cinco de ancho que data del siglo XVII.
En esta obra, de lana y seda, se representa, enmarcado como si de un cuadro se tratase, El Juicio de Paris.
El origen de la guerra de Troya surge en la boda de Tetis y Peleo. Éride (diosa de la discordia) furiosa por no haber sido invitada, lanza una manzana de oro diciendo que debe entregarse a la diosa más hermosa. Tres son las candidatas: Atenea, Hera y Afrodita. Como ninguno de los presentes quiere pronunciarse al respecto, Zeus decide que el encargado de elegir a la diosa más bella sea Paris. Hermes es el elegido para conducir a las tres diosas hasta el joven pastor.
Ya junto a él, cada una de ellas intenta sobornar a Paris. Hera le ofrece el imperio asiático; Atenea, la victoria en todas las batallas; Afrodita, el amor de Helena de Esparta. Finalmente, Paris decide que Afrodita es la más bella de las tres diosas, merecedora de la Manzana de la Discordia. El desenlace de la historia es de sobra conocido. Fruto de este amor Paris rapta a Helena, casada con Menelao de Esparta, y se la lleva a Troya lo que desata la furia del rey de Esparta y desencadena la Guerra de Troya.

En el tapiz que os presentamos podemos ver a Hermes - representado en la escena con el casco alado y llevando en su mano derecha la manzana de oro - guiando a las tres diosas hacia Paris, que se encuentra en el ángulo inferior derecho, sencillamente vestido y guardando a sus ovejas.
Atenea, diosa de la guerra y de la sabiduría, se encuentra a la izquierda de Hermes, vestida con armadura y casco de guerra. Junto a ella Afrodita, cubierta con un manto azul y engalanada con perlas, conversa con Hera, que lleva una corona y un manto con bordes de pedrería. A los pies de las tres Diosas, tres pequeños putti - putti, plural de putto, voz italiana que significa niño - portando en sus manos los símbolos de las diosas. El arco y las fechas representando el amor de Afrodita; una maza con una serpiente enrollada, símbolo de la fuerza de Atenea y un cetro y un globo terráqueo adornado con piedras preciosas, emblemas del poder y la riqueza de Hera.

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El tapiz presenta una bordadura superior con guirnaldas de hojas y frutas. Destaca en el centro una cartela con paisaje. Los bordes laterales son columnas salomónicas con capiteles corintios. En cuanto al borde inferior, éste se trata de una simple greca de ajedrezado. 
En el lateral derecho del tapiz aparece una letra capital F que puede que haga referencia a Franz Van der Hecke (1630-1665).
Sin duda un bello tapiz que ilustra una igualmente bella historia de la mitología griega. Otro "secreto" más de nuestra colección que dejamos al descubierto para vosotros, queridos lectores.

jueves, 19 de abril de 2012

Lo que la colección esconde

La colección del Museo Nacional de Artes Decorativas se compone de miles de objetos de los que sólo podemos admirar una ínfima parte. Por esto motivo, para mostraros piezas que por su belleza y/o importancia no os debéis perder hemos creado esta nueva sección en ad+. Lo que la colección esconde desea mostraros los secretos mejor guardados de nuestra colección, aquellas piezas que por motivos de conservación o falta de espacio actualmente no se encuentran expuestas al público, pero que sin duda merece la pena conocer.

Inauguramos este apartado con un fascinante tapiz de Bruselas del siglo XVI. Su altura roza los tres metros y medio y su longitud supera con creces los seis.


En él se representan los diversos estadios que consolidaban un matrimonio principesco del primer Renacimiento.
En el friso superior podemos distinguir cinco escenas: en la primera de ellas, el caballero protagonista desembarca sus riquezas y llama la atención de diversas mujeres; en la segunda, encontramos reflejado el primer momento del amor en el que la protagonista lanza su flecha amorosa contra el caballero alentada por Venus. Es en la tercera escena en la que el caballero fortalece su éxito mediante relaciones seguramente comerciales con ricos musulmanes y, finalmente, en las escenas cuarta y quinta se afianza la relación con su prometida - reaparece Venus envuelta en un manto de corazones - y se celebran los esponsales con intercambio de regalos.

Detalle de la boda. El matrimonio se sella mediante
una misma copa de la que beben el novio y la novia.
En la primera escena del friso inferior el caballero recibe un cetro de poder, probablemente con motivo de algún éxito comercial o conquistador. La escena central representa la boda y finalmente la carta astral del primer hijo.

Hay que destacar la exaltación del lujo que se refleja en el tapiz. Deslumbran, más que las acciones, los espléndidos trajes que ocupan el ochenta por ciento del espacio. Según Gilles Lipovetsky, se asiste en estos siglos al nacimiento del traje moderno y de la propia moda, perdiéndose el prestigio de la tradición en favor de la belleza.
Un tapiz delicioso en el que merece la pena detener la mirada unos instantes. ¡Que lo disfrutéis!